Australia, eres especial

En Australia he visto los árboles más bonitos de mi vida. He visto troncos de hasta seis metros de diámetro y cuarenta de alto, copas enormes, árboles de la época jurásica, lianas sin principio ni fin, eucaliptos que querían tocar el cielo.

Australia es un país especial, y creo que éste es el mejor calificativo que puedo encontrar para definirlo. Sus paisajes son dramáticamente bonitos y sus riquezas naturales inacabables, pero lo que más me ha cautivado es el estilo de vida y su gente, personas relajadas de actitud informal que revelan sin esfuerzo el estar viviendo una vida plena; y ello para mi representa la gran medalla.

Los australianos tienen una relación muy especial con el medio ambiente y disfrutan de la vida en contacto con la naturaleza, lo que les lleva a ser grandes defensores de causas ecologistas. Les encanta practicar surf, caminar por sus parques naturales, disfrutar de sus playas, del mar, gozar de una vida sin prisas y relativizan siempre el valor del trabajo frente a una vida sin estrés. Los australianos concilian, … y me encanta cuando a todo contestan “no worries”.

Estuve hablando en una playa de Byron con un chico que me contaba sobre cómo se vive la vida en su país. Descalzo, informal y desgreñado como el resto, me confirmaba que no viven para trabajar si no al revés. Me contaba que muchos trabajan “part time”, a lo que yo entendía que ello significa trabajar “media jornada”, pero no! según avanzó la conversación entendí que era trabajar sólo tres días a la semana. Claramente, fuera de las principales ciudades no hay espacio para el estrés, como tampoco hay muchas otras cosas propias de occidente. El vivir en esta gran isla alejada de todo les convierte en personas con un modo de vida también distanciado de todo, un estilo singular.

No dudan en cambiar el estilismo y las apariencias por bambas y barbacoas en la playa, las tendencias de moda por vestimenta informal. Prima cualquier actividad que tenga que ver con la vida puertas al exterior, el deporte y el enriquecimiento de la multiculturalidad propia del país.

Durante el mes que he estado aquí los días han empezado a las seis de la mañana, casando la actividad con la luz solar. Es algo sobre lo que siempre me inclino, y me sienta tan bien que me cuesta retrasarlo todo cuando me veo forzada a adaptarme a los desplazados horarios de mi cultura. En Australia la vida empieza al amanecer, es así de bonito. Las calles se llenan, también las playas y los paseos, todo cobra vida bien pronto. Pero es tan grande el espacio que este país que no entiende de aglomeraciones, de hecho, todo en Australia es excepcionalmente grande, no solo el territorio y las distancias. He estado en playas de hasta catorce kilómetros de largo, he visto telas de araña de 3x3m, árboles enormes, cocodrilos gigantes y corales desmedidos. Las mariposas Ulysses con sus alas azules son impresionantes, los ríos parecen carreteras, los reptiles, la vida acuática, plantas y mamíferos…. todo es extremadamente colosal! Por todo ello, hay poca contaminación y los cielos están limpios, las caras satisfechas y los animales en armonía.

… es como si pesaran más los años salvajes de este país que los colonizados, como si un árbol de doscientos años tuviera el mismo valor que un museo o un paisaje causara la misma impresión que un edificio histórico. La única leyenda, algo velada, son los aborígenes, que arrastran discretamente la sabiduría de su tierras desde de las historias que pudieron retener de sus ancestros. Hoy parece que éstos quedaron atrás, y se apropiaron en vez de un estilo norteamericano que junto con la herencia británica y el multiculturalismo actual configuran su identidad, la de los nuevos australianos.

Hay países, como los de la vieja Europa que aportan cultura, otros educan, otros provocan un efecto espejo para saber cómo no quieres vivir, otros alimentan el alma. Creo que Australia, por encima de todo, abre la ventana de un modelo de vida diferente, una posibilidad, una filosofía de vida donde prima disponer de tiempo para disfrutar de la vida a través de la naturaleza y  que sin duda, rompe la temible mentira “tener para ser”.

-tengerenge

 

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