Cuatro días en Ciudad del Cabo. Sudáfrica

vistas desde Table Mountain

Llandudno

pingüinos en Sudáfrica

pingüinos en sudafrica

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paisajes cabo de buena esperanza

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puerto de hout bay

avestruces en sudafrica

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langa township

langa township

 Por dónde empezar…. Ciudad del Cabo tiene un estilo diferente. Es sobretodo multicultural, una ciudad despierta, efervescente, fresca. En qué otro lugar del mundo hay una ciudad con más campiña que edificios?

 Su estructura compactada te permite recorrerla a pie en una sola mañana, sin embargo sus alrededores, el enorme área Table Mountain National Park con sus reservas de vegetación y flores, es inacabable.

 A pesar de que originariamente los únicos habitantes de esta zona fueran los San, indígenas cazadores y recolectores de Sudáfrica, hoy es una concentración de fusión de culturas, centro de arte contemporáneo y diseño, foco de negocios, capital de gastronomía y vino, y un lugar donde los museos están llenos de tesoros de exploradores o reminiscencias indígenas. Como capital cultural moderna y de biodiversidad, Ciudad del Cabo no tiene lugar igual.

 Su orografía también la hace única, y alquilar un coche es la mejor opción para verlo. Sus alrededores podrían recordarme a California, con sus casas bonitas delante del mar, gente practicando footing, jóvenes en las playas con sus tablas de surf y la costumbre de tener que concentrar todas las compras en un mall. Pero esta fachada cosmopolita todavía está marcada por la opresión del gobierno holandés y en todo momento sabes que estás en África. Los babuinos se ven a menudo mientras conduces, en los restaurantes te sirven filete de avestruz, el 80% de la población es de color y los contrastes son todavía una realidad. El apartheid quedó atrás hace tiempo pero los townships, congregación de chabolas de gente de color en condiciones miserables, te indican lamentablemente que todavía no reina la igualdad.

  Así fueron distribuidos mis días en esta ciudad, con el fin de poder descubrirla al máximo…

Día 1

 Poco tiempo ofreció este primer día tras aterrizar y ocupar parte de la mañana en asentarnos, pero sirvió para ubicarnos y entender la ciudad. Localizar Table Mountain, Lion’s Head y los edificios y casas a sus pies, Greenpoint, el distrito financiero, la despierta Long Street, Waterfront y los barrios Woodstock o Gardens, fueron la primera toma de contacto.

Día 2

 El objetivo del día fue llegar hasta Cabo de Buena Esperanza, y durante el trayecto fuimos visitando algunos lugares. El primer stop fue en Llandudno, una pequeña playa maravillosa para practicar buen surf rodeada de casas preciosas mirando al océano (creo que ésta fue la playa que más me gustó, aún habiendo tantas otras con mucha más fama).

 Le siguió una visita a Hout Bay; este pueblo de pescadores merece una visita al mercado y pasear entre sus barcos. La bahía es muy bonita y desde aquí se toma la escénica carretera Chapmans Peak Drive, en la cual no se puede ni hablar ni parpadear; más que observar.

 Llegados a Simon’s Town, nos sirvió de descanso para comer algo y descubrir este pequeño puerto militar, teniendo en cuenta además que en Cape Point hay un solo lugar donde comer y suele estar lleno de gente. Pero antes fuimos a ver los pingüinos de Boulders Beach que sorprendentemente habitan en Sudáfrica (he de decir que me parecieron tan preciosos los mismos boulders como los pingüinos, estas enormes piedras de cantos rodados en la playa, parecidas a las de Seychelles).

 Y finalmente llegamos al Parque Natural Cape Point. Enseguida la vegetación rasa y seca te indica lo ventada que es esta zona, lugar muy cerca del Cabo Agulhas donde se unen los dos océanos. En el Cabo de Buena Esperanza hay un corto recorrido escarpado y en subida para hacer a pie desde donde se obtienen unas vistas magníficas, lo mismo que en Cape Point, desde donde en ambos casos se pueden divisar ballenas durante los meses de invierno. En PN Cape Point hay avestruces, babuinos, águilas, antílopes y muchas aves. Debo decir que los baboons son muy peligrosos; tras haber sido atacados por uno recomiendo nunca salir del coche con comida a la vista o que la puedan oler. Por lo demás, el atardecer desde aquí es precioso y el conjunto te coloca en la sensación de estar en el final del mundo!

Día 3

 Dicen que subir a Table Mountain es uno de los highlights, sin embargo me preocupaban mucho las largas colas esperando, a no ser que decidiéramos subir a pie como muchas familias lo hacen, pero con mi hija de cuatro años era una evidencia de que no iba a ser posible, por lo que tomamos el cable car . Recomiendo comprar los billetes online con antelación y estar allí a las 8:30h de la mañana, de lo contrario hay que aparcar lejísimos y andar mucho rato subiendo hasta llegar. Dicho ésto la visita merece la pena por las vistas que se obtienen desde lo alto. Las perspectivas te ayudan a comprender la orografía de esta ciudad situada en la falda de una de las montañas más antiguas de la Tierra.
Tras ello visitamos el museo Iziko Slave Lodge donde se expone una recopilación histórica del periodo de esclavitud en Sudáfrica. Iziko tiene varios museos; las exposiciones son algo pobres, pero vale la pena visitarlo para involucrarte, en este caso, en la terrible práctica de la esclavitud que se practicó en el país.

 Bree Street es una de las calles que más me gustan, y decidimos comer en Sababa. El concepto es una muestra de la tendencia más actual en gastronomía, donde una gran mesa central expone grandes fuentes de colorida comida a base de vegetales y guisos desde donde servirte tu mismo, recordándome inevitablemente a Yotam Ottolengui y su estilo en la cocina. Seguidamente, hice algunas compras entre las tiendas que mas me gustaron, muchas en Gardens, un barrio encantador para salir a cenar, pasear o comprar.

 La tarde fue destinada a visitar el acuario donde mis hijos tuvieron un gran momento y seguidamente, pasear por Watershed nos permitió agrupar en un gran angar a muchos de los pequeños creadores con talento sudafricanos y ver sus interesantes producciones. El enorme Waterfront se ganó su fama, un enorme mall que está al lado, pero su estilo occidental y sus tiendas globalizadas no me pueden aburrir más, por lo que no le dediqué mi visita, pero si es cierto que la zona destinada  a pequeños locales de venta de comida es formidable.

Día 4

 Woodstock es hoy una zona vibrante para pasear, comer y descubrir lugares emergentes. Old Biscuit Mill concentra los sábados un bullicioso y genuino mercado, al margen de las tiendas y restaurantes que tiene. Descubrir este barrio me encantó, sumergiéndonos en lugares que parecen escondidos con las mejores tiendas de diseño de la ciudad (en este post escribo sobre mis mejores lugares para comprar, comer y dormir en Ciudad del Cabo).

 Vale la pena visitar Bo-kaap, barrio musulmán originarios de Malasia con sus coloridas fachadas, muestra del momento en que se liberaron de la opresión del apartheid y mostraron su felicidad pintando las fachadas de sus casas de colores.

 Por último, destinamos mucho tiempo a recorrer en coche toda la costa para entender el estilo de vida, sus playas, la afición al surf, los acantilados, el viento y los paisajes. Camps Bay, las cuatro playas de Clifton beach separadas por las piedras boulders (la primera es la menos popular, la segunda es para jóvenes universitarios, la tercera está reservada para homosexuales y la cuarta es la más popular donde se reúnen familias y gente local), Bantry Bay y Sea Point dibuja todas las playas de la costa con su pertinente vida alrededor. Surf, casas bonitas, atardeceres y gente practicando footing o bicicleta es el ambiente que domina esta zona de Ciudad del Cabo. Las aguas claras parecen atraer a todo el mundo sin importar los enormes tiburones blancos que acechan bajo la superfícíe…

 Por la tarde conducimos hasta Langa Township, suburbio donde se pueden ver los vestigios del apartheid tras nombrar esta localidad solo para negros africanos. Hay un pequeño museo, austero y sin demasiada información que Mamnkeli lo abrió para nosotros y nos pusimos en situación (llegamos algo tarde y ya estaba cerrado; le pedimos que nos lo enseñara y accedió). Para mis hijos era interesante poder ver y comprender lo que sucedió en este lugar del mundo donde bajo la opresión del gobierno holandés se separó a la población por su color de piel. Seguidamente estuvimos hasta el atardecer paseando entre las calles del suburbio, lamentando las miserables condiciones de vida, indignas, en las que viven algunos humanos. Un container para dos familias por ejemplo, sin ventanas, donde el frío del invierno es inclemente y el calor del verano sofocante, sin cocina ni baño ni un colchón digno donde poder dormir. Pobreza (las fotografías hablan).

 Entre todo ésto, restaurantes y locales fabulosos donde comer o cenar, maravillosas tiendas con estilo propio, lugares que inspiran, hoteles con encanto… (todo está en este post)

– tengerenge

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