El sur de República Dominicana. Música, derroche de belleza, alegría y larimar

casas de colores del Caribe

fruta en República Dominicana

pobreza República Dominicana

casas en República Dominicana

pueblos en República Dominicana

flores en República Dominicana

Me costó entender el motivo por el que jamás se habla del sur de República Dominicana. Acabé comprendiendo que a ningún hotel de la república independiente de Punta Cana le interesa que el cliente salga y encuentre nuevas ofertas que le lleven a consumir fuera de sus propiedades. Para ello, trabajo de muchos años, se ocuparon de difundir el peligro que supone descubrir libremente la isla, creencia absolutamente falsa.

Los pueblos del sur representan un giro tremendo, un viaje donde se conecta con lo salvaje, una nueva dirección que solo atrae a turismo ecológico ansioso de inagotable naturaleza. Aquí se mantiene todo virgen.

Para llegar hay que tomar la carretera desde Santo Domingo a Barahona. Acercándose, empiezan a tomar vida los puestecitos cubiertos de hoja de palma donde venden fruta, anacardos, fritura de plátano macho, y en algunos hasta cacao. Entablar conversación con sus oriundos es verdadero placer si se tiene en cuenta lo amables, educados y atentos que son, junto con la alegría y la música que les mueve desde las entrañas. Son pueblos siempre risueños.

Aquí apenas hay turismo, ni tan siquiera tiendas pensadas para ello o demasiados hoteles, tan sólo sencillos “colmados” que proveen a sus locales de sus cuatro necesidades y altísimos árboles que quieren tocar el cielo. Sin embargo, como si de un oasis se tratara, atrapado entre el mar y el bosque tropical, toma lugar con aplomo el hotel Casa Bonita Lodge, a 17km de Barahona por la carretera hacia el sur. Este eco-lodge tropical representa una estancia muy especial. Con naturaleza condensadísima a sus espaldas, provista de ríos, cuevas y pozas de agua cristalina donde bañarse, los días que transcurren aquí son un sueño. El enclave, salvaje y alejado, te coloca en el lugar perfecto para conectar con la verdadera esencia de esta isla tropical.

Casa Bonita

 

Los pueblos circundantes, … Paraíso, Los Patos, La Ciénaga, San Rafael… no son comunidades para observar desde la ventanilla del coche, en ningún caso. Se les debe una pausa, tal vez varias visitas, un intercambio, un momento donde sentarse con ellos, y donde entablar conversación represente casi el 90% del sentido de permanecer en esta isla. Esta vez, paseando por sus calles y sus casas pintadas de alegres colores afincadas sobre tierra caliente, haciéndolo con tanta apertura como si estuviera a punto de descubrir algo, una amable familia me ofreció un par de sillas invitándonos a tomar asiento y pasar la tarde dialogando; así, con la misma ligereza de cuando se recibe a alguien a quien se espera, pero sin conocernos de nada. … Les recordaba gente amable, risueña, educada, pero las segundas veces sirven, entre otras cosas, para ratificar sentencias con mayor seguridad.

Los niños mulatitos y semidenudos, corrían a nuestro alrededor, mi hija se distraía jugando con las enormes raíces de un árbol y mis dos hijos contemplaban con asombro y total naturalidad la distinta vida de esa familia, lejana a la suya pero apoyada por el sentimiento de hermandad que me esfuerzo en transmitirles. Nosotros, hablando y hablando sin cesar…, un regalo. Entre todo ésto, se acerca un joven morenito mostrándome su barreño con redondeadas piedras color turquesa sumergidas en cuatro dedos de agua. Resaltaban con tanta intensidad que parecían tesoros, y tanta belleza provocó arrancarme desatadamente mi lado más consumista en mi deseo de quererlas todas. Así conocí el larimar, piedra semipreciosa endémica de la isla.

larimar República Dominicana

pueblos en República Dominicana

piedras semipreciosas República Dominicana

A menudo soñé despierta en volver a bañarme en la fosa cristalina del río Bahoruco, los Morones, y hace lo hice. Pero nunca pensé que me esperaban lugares tan bonitos como la Cueva de la Virgen, tras ascender 40 minutos a pie atravesando húmeda selva tropical y encontrarme en el camino serpientes y venenosos cienpiés gigantes del color del fuego. Valió la pena! …gracias Casa Bonita Lodge por acompañarme!

la cueva de la vírgen

 ... y me tiré!

La excursión a Bahía de las Águilas ocupó otro día entero. Volver a visitar este lugar fue tocar el cielo…  Esta zona estuvo ocupada durante cincuenta años por americanos explotando minas de aluminio, en el año 2009 quedó desocupada y su belleza se mantiene intacta. El trayecto es maravilloso y durante la travesía por la carretera de la costa no se puede hablar, ni parpadear. Hacía tiempo que no veía tan bonitas vistas… Desde la ventanilla del coche asoman paisajes de verdes palmeras, la vida de sus pueblos con sus casas pintadas de rosa, verde y amarillo, y el transcurrir de sus gentes. Todos estos pueblos no solo tienen playas sino también sus ríos, donde aprecian bañarse por el frescor del agua. Sus gentes hacen vida en el exterior en busca de ligeras brisas y bailan inagotablemente las bachatas más alegres! … qué país!

Si levantas la mirada no ves nada más que montañas con pura vegetación formando bosque tropical, inacabable. El verde contrasta con el turquesa del mar, color con poder curativo para quien lo desconozca. El encuadre es tan bonito que cura.

carretera de Barahona

bahía de las águilas

Bahía de las Águilas

En Barahona, un entrañable dominicano nos llevó a visitar el ingenio de caña de azúcar (la fábrica) y al Polo Magnético, un lugar cercano donde hay un tramo de la carretera que estando en bajada, apagas el motor y el coche retrocede; una cosa curiosa. También nos mostró los habitáculos vallados donde residían los americanos mientras estuvieron explotando a sus esclavos haitianos en el trabajo de la caña de azúcar y los barracones donde les hacían vivir; parte de la historia de este país.

… Me explicaba que los trabajos en las plantaciones de caña de azúcar representa un trabajo durísimo a 40º de temperatura, cortando la caña con machete, trabajando 14 horas diarias, 7 días a la semana, con picadas de insectos y donde fácilmente las cañas les amputan dedos de las manos y de los pies. Muchos no tienen acceso a una vivienda decente sin electricidad ni agua corriente, sanidad ni alimentación adecuada; todo ello sin beneficio alguno a cambio, más que tickets para que los cambien por comida y falta de libertad controlada para que no puedan escapar de dicho oficio. En Cuba también visité plantaciones de caña y pude ver los instrumentos de tortura que aplicaban a los africanos que traían de la costa oeste; dureza…

Al final, después de muchas impresiones y contacto con la gente de esta isla, siento que los dominicanos son gente amable, generosa y alegre. En especial hay una cosa que me cautiva…, cada vez que alguien da las gracias, se contesta “siempre”.

“Gracias!”
“Siempre!”

Es sólo la gratitud y generosidad de un pueblo mezclado, de raíces taínas, orígenes africanos y otras sangres de por medio que los hacen de amplia gama de negros. Gracias isla del Caribe.

– tengerenge

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