Punta Allen. Tulum, Méjico

carretera de Punta Allen

manglares en Punta Allen

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selva en Tulum

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A pocos kilómetros al sur de Tulum, encontramos la Reserva de la Biosfera Sian Ka’an.

Su entrada se hace atravesando un gran arco de piedra, a partir de aquí, no hay otra opción: el que decide lanzarse a descubrirla no tiene otra posible ruta más que recorrer una larga carretera de tierra durante 3h, que bordea toda la costa hacia el sur.

Durante casi todo el recorrido dejas, a lo largo, la espesa vegetación de impenetrable selva a mano derecha y playas largas y solitarias mirando al mar a la izquierda. En ningún caso hay construcción por ningún lado, ni tampoco se ven demasiados coches o gente; tan solo avistamiento de aves curiosas y demás fauna. No es un concurrido trayecto venir hasta aquí ni tampoco un lugar del que se mencione demasiado en las costas de Tulum; probablemente por que el conocimiento de éste aleje a todos aquellos que puedan consumir en los demás atractivos… En mi caso supe de ello por un amigo piloto; de no ser así, difícilmente lo hubiera conocido.

Es recomendable contar con un buen coche 4×4 con grandes ruedas para caminos de tierra, el tanque lleno de gasolina, mucha agua y comida! Tras  atravesar el arco de piedra, no encontraremos ni gasolineras, ni colmados, ni establecimientos de ningún tipo hasta llegar a Punta Allen, donde la oferta, también es escasa.

Pasadas tres horas conduciendo por una carretera algo monótona pero muy intensa, donde la tierra seca separa el verde de la selva del azul del mar, por fin se llega a Punta Allen, un pequeño pueblo de 600 habitantes con un limitado desarrollo turístico que vive de la pesca. Si siguiéramos bajando, ya no por tierra sino por mar, llegaríamos a Belice.

Una vez ahí nos sacamos los zapatos y tiramos las llaves en el fondo del bolso como si nunca más las quisiéramos volver a ver! Analizamos el terreno y contratamos a un barquero para que nos llevara a ver delfines salvajes, manglares y demás preciosidades. Durante el camino nos cruzamos con una de mis amigas del mar, Sra. Tortuga, elegante y solitaria viajera que nunca tiene prisa por llegar a ningún sitio, y acabamos bañándonos en la laguna más cristalina que jamás hubiera podido imaginar!

En Punta Allen los hoteles solo acogen a turismo ecológico; son sencillos, sin pretensiones y están en pura conexión con la naturaleza. En mi visita a Sol Caribe, emplazado un poco antes de la entrada del pueblo, pudimos hablar con Mauricio, un joven argentino propietario del hotel junto con su mujer, los cuales decidieron venir a vivir a esta parte del mundo y cambiar su ritmo de vida. Mauricio nada hasta el arrecife cada mañana y pesca…, el día en que estuvimos visitándoles se asaba una pieza de pescado, capturada hacía pocas horas por él mismo, que perfumaba la playa entera de sabor a mar!

… a pocos metros de las cabañas sobre la arena mirando al mar, que están pensadas perfectamente tanto para acoger a familias como a parejas, tienen protegida una pequeña zona de la playa para el desove de las tortugas, que con un poco de suerte, puede verse en alguna noche con claridad de luna.

Es un hotel casual, sin lujos, ecológico, aislado, perfecto para el descanso y tiene la ventaja de no tener que compartir su playa con nadie… En él se organizan eco-tours para visitar los manglares, la laguna cristalina, nadar en el arrecife, pesca de blue marlin, excursiones en barco para visitar las ruinas mayas de Muyil rodeadas de selva, pesca con mosca y adentrarse con un guía local experimentado en la laguna negra y la isla de los pájaros donde una gran variedad de aves, tortugas marinas y delfines te dan la bienvenida.

En Punta Allen no hay mucho más que hacer. La visita se basa en p.a.r.a.r.s.e. en el tiempo y conectar mucho con la naturaleza. Ponerse en modo “off” es una buena opción.

El camino de regreso por la misma carretera sin asfaltar por la que vinimos, pero en sentido contrario, se vive diferente. El paisaje está invertido y el sentimiento ya no es el mismo. Poco a poco dejo atrás un paraíso donde parece que las horas no corran…

– tengerenge

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