Soneva Fushi, caminar descalzo en el paraíso

Quién pudiera pensar que el mayor lujo es ir descalzo una semana, atravesar un puente suspendido para cenar sobre las copas de las palmeras, disfrutar de un enorme cine al aire libre junto al mar, o hacer uso por las noches del mayor observatorio astronómico de uso privado en Asia, y contar con él los anillos de Saturno. La bióloga marina sin embargo, nos hará bajar de las constelaciones al fondo del mar…, y así, poco a poco, a lo largo de los días se irá incorporando la más valiosa premisa de Soneva Fushi, luxury is back to nature.

Sonu y Eva Shivdasani, sus fundadores, fueron pioneros en trascender el modelo de hotel convencional impresionando a sus clientes por su genialidad, la forma en que esta isla entiende al huésped y el twist que supieron dar al lujo lejos de dorados y opulencia. Materiales naturales, formas orgánicas y un estilo distendido definen a este hotel sin precedentes, al que ya he visitado más de una vez y no consigo arrinconar.

Parece que ellos, artífices de todo, hicieron posible las ideas más inalcanzables, y permitieron al cliente experimentarlas como si de un mundo a parte se tratara. Responsables también de colocar al cliente en la más alta dimensión, permitiéndole recibir el mejor trato jamás conocido y las mayores atenciones. Hay pocos lugares en el mundo tan especiales como Soneva Fushi (Kunfunadhoo, Ba-aá) y ello se reconoce tan solo aterrizar donde la bienvenida no deja indiferente a nadie. Aquí no existe front desk ni check-in ni ningún trámite que alargue el cansancio del largo viaje. Tan solo te sacarán los zapatos para sólo pisar arena y agua de mar hasta el día de regreso… no news no shoes.

Dormir bien, comer sano, escuchar el silencio, bañarse en aguas cristalinas, contemplar la luna, descansar, admirar el coral, cambiar las formalidades por ropa cómoda y sosegada, caminar descalzo entre la vegetación de la isla y recorrer sus caminitos para descubrir cada rincón, ya sea a pie o en sus bicicletas tapizadas de delicado algodón. Todo tiene que ver con el modelo slow life, con el cuidado de uno mismo y la estrecha conexión con la naturaleza.

Esta isla ovalada bañada de aguas cristalinas y arrecifes de coral reinterpreta la novela de Robinson Crusoe a través de la vida al aire libre y de la construcción de discretas cabañas de techos de palma escondidas entre la vegetación. Cada cabaña tiene su Mr. Friday, un atento asistente vestido de crudo y también descalzo, que se ocupará de sus huéspedes durante toda la estancia, y del que jamás se escuchará decir “no” (paradoja surrealista para lo que es la vida donde frecuenta el “no” constantemente…, pero aquí se viene a soñar y a levitar, pues en absoluto, ésto no es terrenal).

Mr. Friday reservará las mesas en los distintos lugares para comer y cenar en la isla, organizará buceos con la bióloga marina (una vez fue por la noche y con linternas!) o una excursión donde bañarte rodeado de enormes mantas raya, sugerirá una visita a islas vecinas para conocer a sus locales, reservará tratamientos o masajes o incluso una comida en una isla desierta. Hay mucho que hacer en Kunfunadhoo, hermosa isla de naturaleza en estado puro tocada por exóticos aires asiáticos.

Como parte de un hotel eco-friendly con firmes acciones por respetar el medio-ambiente, es obvio que su cocina también refleja su carácter ecológico. Muchos de los vegetales se cultivan en la isla y la cocina es una alabanza al cuidado del organismo y la salud. Por la intensidad del sol y la precavida cantidad de agua al regar, el sabor de los vegetales es tan concentrado que otorga un sensual matiz a todo lo que se come.

Fresh in the garden es uno de los restaurantes con más seducción y magia del mundo. Construido con maderas y elevado sobre las enormes copas de las palmeras, se accede a través de un puente suspendido. Cenar al aire libre con olor a lemongrass y el exótico cantar de los pájaros tropicales es mágico! siempre sin convencionalismos, descalzo, sentado sobre bancos con grandes almohadones combinando estilosos colores o tal vez en la mesa circular del final del sinuoso puente iluminada por velas. Nada que ver con una cena tradicional, lo cierto es que nada de lo que te proporciona Soneva Fushi es convencional.

By the beach es otro de los lugares especiales donde cenar. Las mesas están sobre la arena junto al mar y la cocina japonesa se deleita bajo el más nítido cielo de estrellas, bien reconocibles por la ausencia de polución.

Durante el día el buceo es excepcional, aunque bastan unas gafas para contemplar el hermoso jardín bajo la superfície. Tortugas, peces de mil colores y especies tropicales hacen vida en los arrecifes del hotel; no puede ser más bonito!

…y qué decir de Niviligaa, una isla desierta a pocas millas de Soneva Fushi. En otras ocasiones habíamos podido pasar un día en esta isla solo bajo la aprobación del hotel, sin embargo hoy está protegida y se necesita el consentimiento del gobierno de Maldivas. Los ojos no se acostumbran a la infinita agua cristalina que tiene esta isla de arena, deshabitada y aislada.

… y después de una intensa jornada de sol, solo queda despedirse del día desde las colchonetas suspendidas en Bar (a) Bara, observando el cielo teñirse de rosa mientras el sol se esconde, y con suerte, el amable salto de algunos delfines que te recuerdan lo especial que es estar aquí.

Eterno verano, siempre.

– tengerenge

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