“Hong Kong, me has sobrepasado!”

Pocas veces me he sentido tan abrumada como en esta jungla de hormigón, tremenda lucha entre rascacielos apretujados y vegetación tropical. La humedad, el calor que emanan los aires acondicionados y las tremendas cuestas derrotan al visitante y seguramente a los miles de hongkoneses que caminan por su cemento. Son “islas de calor”, una nueva situación urbana de acumulación de ardor por la inmensa mole de hormigón y demás materiales absorbentes de calor. Luego, la fiebre por los atroces aires acondicionados en el interior de tiendas y centros comerciales es completamente irracional ( y por supuesto, acaba con tu garganta).

Atrapados están quienes nacieron aquí y también los nuevos “esclavos modernos” que escogieron vivirlo, humanos presos que trabajan diez horas al día, que pagan alquileres descabellados y que no tienen calidad de vida.

No me pienso contagiar del frenético consumismo de Hong Kong, pura vorágine de tiendas, centros comerciales, actividad desenfrenada, tiendas de electrónica y millones de humanos. La calles de Kowloon son abrumadoras, y me invitan a una intrusiva reflexión en mi pensamiento que inexorablemente me provoca la alarma de: “somos demasiados”.

Las principales recomendaciones de la ciudad son una trampa : ni Temple Street, ni Lady’s market, ni el mercado de flores ni el de pájaros… Todo productos de plástico baratos, copias, piezas falsas de jade engañadas por truhanes que hacen trampas para tontos y chinos antipáticos que no hablan inglés. Estamos en un momento de la historia en que la inocente búsqueda de exotismo y contraste no puede eclipsar una posición coherente sobre el consumismo, el exceso de producción y la consiguiente herida que desencadena en nuestro planeta. Y es un hecho el que, tanto los residentes de Hong Kong como sus visitantes están obsesionados por las compras.

Lo único que me ha desahogado son las altas montañas de verde tropical que aguardan tranquilas detrás de los edificios de la isla, probablemente asombradas por lo que ven y con cierto temor de que el hormigón se las siga comiendo poco a poco. El mar y sus bahías tampoco me han supuesto alivio si me doy cuenta que cargueros enormes se apoderan de él diariamente para desembarcar mercancía del otro lado del mundo, y continuos barcos dragan la arena de los fondos para seguir desarrollando proyectos de construcción. Desde Victoria’s Peak confirmé mi impresión.

Pero parece que pocos tienen ojos para verlo… por que todos caminan aferrados a sus móviles sin apartar la vista de las pantallas. No importa, a cualquier hora… en el metro, mientras comen, mientras andan, mientras atienden, mientras conducen. Los taxis tienen hasta cinco pantallas detrás el volante y hasta el más pobre tiene un smartphone. Obsesión!

Las tiendas de lujo quieren impresionar sin importarles el edificio destartalado con andamios de bambú que tienen delante, restaurantes carísimos con puestos sucios de comida callejera en la puerta de al lado, orientales comprando frenéticamente mientras sus empleadas del hogar filipinas se estiran los domingos sobre plásticos en los parques para descansar en su día libre…; todo es un contraste tan excesivo que roza lo absurdo. Es cierto que Hong kong conserva un aire tradicional, pero en breve sus templos budistas acabarán más intoxicados por esta voracidad que por sus nubes de incienso. Al templo de Man Mo en Hollywood Road, se le respeta por que es el templo budista más antiguo de Hong kong, pero asombra por lo humillado que está entre tantos edificios modernos construidos en laderas inclinadas que parece que vayan a caerle encima.

El cosmopolitismo ha desarrollado un importante nicho de buena comida, fusión de mezcla de cocinas de todas partes del mundo y muchos restaurantes. En Central Mid levels están las escaleras mecánicas más largas del mundo y en sus calles perpendiculares según se va ascendiendo se encuentran restaurantes para todos los gustos y mucho ambiente por las noches. En Chôm Chôm (58, Peel St.) cenamos super bien platos tradicionales de cocina vietnamita y en Sohofama (35 Aberdeen St, Central) también disfrutamos de buenísimos platos de cocina china moderna, por recomendación de una simpática amiga mía argentina.

Si bien es cierto, es interesante conocer cualquier lugar en el mundo y solo por este motivo Hong Kong no deja indiferente a nadie. Las viviendas en Kowloon llaman la atención por parecer enjambres de abejas con enanas ventanas más que edificios para personas y las calles de la isla parecen scalextrics con puentes y carreteras a distintas alturas. Los árboles muestran sus curiosas raíces fuera de la tierra y sobreviven entre el asfalto pretendiendo ser felices y entre todo ésto, algunas tiendas bonitas de creativos con talento se dejan ver de forma independiente fuera de los enormes malls con discretos sellos de personalidad, como en Tai Ping Shan St encima de Hollywood Rd o en Cat St. Y los jardines tropicales en Botanical Hong Kong con animales y plantas representan una jungla en medio de la metrópoli, interesante para un respiro de paz entre tanta vorágine.

Consumismo desenfrenado, poco espacio y superpoblación. Siguiente por favor?

-tengerenge

One Comment on ““Hong Kong, me has sobrepasado!”

  • Ana Patricia Clua

    agosto 26, 2017 a las 9:02 am

    Buenas reflexiones Sonia. Totalmente de acuerdo
    Menudo viajazo
    Yo hace años q no he ido pero me guato mucho

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *